«AÚN HAY PRISIONEROS POLÍTICOS»

Como sacada de un cuento Kafkiano, se erige imponente y monstruosa a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Valledupar, la cárcel de alta seguridad, la Tramacua. El establecimiento carcelario que alberga más de mil prisioneros, y que cuenta entre sus internos con más quince excombatientes de las FARC, es una de las cárceles con más denuncias por violación constante de los derechos humanos.

A raíz de la firma del Acuerdo de Paz entre el Estado Colombiano y la exguerrilla de las Farc, se establecieron mecanismos de orden jurídico como la Ley de amnistía 1820 y sus decretos reglamentarios con el objetivo de acelerar el proceso de liberación de los prisioneros políticos de las Farc.

Al igual que los otros puntos acordados en la Mesa de La Habana, el incumplimiento en materia de otorgamiento de libertad a los prisioneros políticos de las FARC ha estado nublado por las tramas burócraticas y negligentes de los altos funcionarios judiciales. Todo esto obedece a una negativa  de algunos jueces de la República, de reconocer, entender y comprender la situación política y social que acogió el país al haberse firmado un tratado de Paz. Desconociendo el contexto histórico y obedeciendo más al odio que a la razón, estos jueces han impuesto su voluntad por encima de la ley.

La Jurisdicción Especial de Paz, institución creada a partir de la firma del Acuerdo, tiene como propósito juzgar a todos los actores del conflicto armado. Para realizar dicho proceso a pedido a la Fiscalía General de la Nación todos los expedientes que fueron abiertos durante el marco del conflicto contra los miembros de las Farc. El traslado de todas esas investigaciones ha sido lento, complejo y lleno de artimañas, por ejemplo, muchos casos no han llegado a las oficinas jurídicas de la JEP lo que ha generado un caos difícil de despejar.

El paso lento de La JEP, las demoras de los magistrados en tomar una decisión , las trampas de la Fiscalía a la hora de entregar los procesos, la inoperancia de la oficina del Alto comisionado para la paz para entregar a los excombatientes detenidos un certificado que los acredite como firmantes de un acuerdo, se configuran macabramente para perpetuar la penosa situación de padecimiento y malos tratos.

En la tramacua, bajo el inclemente calor que no da tregua, los prisioneros políticos de las FARC esperan como diría Ruben Baldes » con la paciencia del desesperado» poder retornar a la libertad para vincularse a los proyectos de reincorporación y reconciliación que sus demas  excompañeros de armas adelantan en los espacios territoriales.

Al igual que » La Tramacua» la misma situación de sufrimiento y opresión padecen los excombatientes que se encuentran en otros centros penitenciarios del país, donde también esperan que sus casos puedan ser resueltos con prontitud.

Ante todo ese escenario de dificultades, lleno de enemigos del proceso de paz que alinean los órganos de puntería hacía la reconciliación , en la Fundación Lazos de Dignidad hemos asumidos el compromiso ineludible de acompañar a los actores que hacen parte de la construcción de la Paz en la búsqueda incansable de la libertad.

Reincorporación – Fundación Lazos de Dignidad.

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